Bosco, una fábula sobre el tiempo

Película de Alicia Cano Menoni

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23 Jun 2020  •  10:57

23 de junio de 2020
Actualizado: 10:57h

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En la búsqueda de información sobre la localidad italiana Bosco di Rossano, aparecen testimonios de uruguayos que intentan reconstruir caminos de vida y árboles genealógicos. Cuentan que sus abuelos o bisabuelos vivieron o estuvieron por allí, y aparecen los apellidos Baratta, Ugolini y Menoni, entre otros. Orlando Menoni, el abuelo de Alicia, tiene 103 años y vive en Salto. Él nunca estuvo en “El Bosco”, pero sus padres y abuelos sí, y por años le contó a su nieta las historias mínimas más fascinantes sobre este pequeño pueblo de la Provincia de Massa y Carrara, incrustado entre montañas, devorado con el paso del tiempo por un bosque y con trece resistentes habitantes. Alicia Cano Menoni, directora de la película “Bosco”, estuvo en El germinador. “La empecé a filmar hace 13 años cuando fui a Italia, pero sin saber que iba a terminar siendo una película, porque como realizadora siempre estoy filmando cosas y voy guardando en el archivo. Fui atrás de los paisajes que me contaba mi abuelo en esas historias, pero cuando estuve ahí sentí que debía filmarlos, guardarlos desde otro lugar. Filmar, para mí, es una necesidad”, comentó.

La situación geográfica del territorio hace que el paso del tiempo sea un factor medular en abordaje: “El pueblo está destinado a desaparecer, a volver a su estado natural, así que de alguna forma estuve filmando parte del paulatino final del Bosco. Viven trece personas, y la menor tiene 70 años. Allí se vive un pasado permanente, y el futuro es esa muerte que nadie nombra”, desarrolló la realizadora, quien centró buena parte de la narrativa en Rita, campesina, y Gemma, curandera.

La película viaja entre el pasado y el presente, con las fábulas sobre el Bosco relatadas por el abuelo de Alicia desde Salto: “Es una fábula sobre el tiempo. Mi abuelo nunca fue al Bosco y yo nunca había visto una imagen del Bosco hasta llegar ahí. Cuando fui y volví le traje fotos que él tampoco había visto jamás y empezó a recordar más cosas que le habían contado pero nunca había vivido, así que el ejercicio de memoria fue fascinante. Incluso lo invité a ir varias veces, pero siempre me puso alguna excusa, hasta que entendí que él no precisa ir al Bosco, él ya lo habitó con lo que le contaron,  y hay un Bosco que habita dentro suyo. Entonces, el desafío que me propuse fue contar el Bosco que ya existe más allá de la realidad”.

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