Fue cantando que crecí: violencia sexual en la dictadura

Con Beatriz Benzano, sobre la denuncia de expresas políticas

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2 Jul 2020  •  10:14

2 de julio de 2020
Actualizado: 10:14h

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En El germinador, Jimena Alonso y Javier Correa Morales coordinaron una nueva edición de “Fue cantando que crecí”, su columna sobre Historia y Juventud. Esta vez, el tema fue la denuncia sobre violencia sexual en la dictadura, hecha en 2011 por 28 ex presas políticas. Una de ellas fue Beatriz Benzano, impulsora de la denuncia y entrevistada durante la columna.

Para poder contar la vida de Beatriz, más que referenciar años o épocas, es necesario ordenar capítulos. “Fui monja dominica por más de 10 años. Uno de los momentos más significativos de esa etapa fue en 1968 cuando viví en Chile, en una pequeña comunidad llamada La Estrella, donde las condiciones de vida que tenía la gente eran terribles. Estando en Santiago me enteré de la existencia de los movimientos políticos de práctica militar. Siendo monja aún, ingresé al MLN por motivos ‘éticos y evangélicos’. Nunca lo consideré una ruptura, sino que una cosa llevó a la otra, fue natural. Caí presa en 1972, y allí estuve hasta 1976”.

En 2010, Beatriz participó de un encuentro en Caracas llamado “Mujeres de paz”, donde las participantes se comprometieron a luchar contra la impunidad en sus países y llevar las denuncias de violencia sexual a la justicia pena: “En base a ese compromiso y a la experiencia que particularmente habían tenido las ex presas argentinas, tomé la decisión de conversar con mis compañeras para hacer nuestra denuncia. Esa primera etapa fue de reuniones, y fue muy dolorosa, de contarnos nuestras propias peripecias en la cárcel”. Beatriz contó que, durante el proceso de colectivización testimonial para darle forma a la denuncia, las secuelas quedaron expuestas: “Compañeras decían que no podían tener relaciones sexuales con sus compañeros, en la forma en que los milicos las habían obligado. Una contaba que aún guardaba en su nariz, el olor del esperma eyaculado por un milico en su cara. Otra compañera decidió sumarse a la denuncia cuando se dio cuenta de que su hija tenía la misma edad que ella cuando fue violada”.

Al respecto de esa etapa de reuniones y conversaciones, contó sobre las discusiones del grupo acerca de la inclusión o no de hombres en el entrecruce de testimonios y futura elaboración de la denuncia, a sabiendas de que la violencia sexual también la sufrieron varios expresos durante la dictadura. También acerca de la discusión sobre el decidir hacer una denuncia referida directamente a la violencia sexual, como forma específica de tortura: “Lo encaramos como un crimen de género”.

Para el grupo de mujeres, el sentido de la búsqueda de justicia era encontrar un camino de sanación y reparación. Los avances han sido mínimos, por lo tanto el Estado ha vuelto a denigrarlas, esta vez en forma de impunidad. Beatriz no cree más en la justicia y, junto al resto de las denunciantes, constataron una falta de voluntad política sobre las cuestiones de derechos humanos, permanente, según dijo.

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